Hoy está mi clítoris contento por solidaridad (él, que es tan suyo...) y es porque unos seres seráficos de Cataluña, están realizando operaciones de reconstrucción genital, a mujeres que han sufrido la salvajada de la ablación.
Dicen los expertos que cuando la amputación de tan delicado sensor femenino no ha sido total, pueden recuperarlo y conseguir un sesenta o setenta por ciento de la sensibilidad habitual.
Este es el tipo de noticia que pone el alma dulce como la meloja: la existencia de gente que es capaz de reparar, cuidar y devolvernos sano y salvo, todo aquello que la barbarie o la crueldad han intentado destruir. Desde aquí envío a esos equipos de profesionales mi infinito y emocionado agradecimiento como mujer y como hembra, con el deseo de que mis, dolorosamente agredidas, compañeras puedan disfrutar de nuevo de una sexualidad normal y placentera.
Yo también quisiera colaborar, en la forma que sé, en este rescate físico y moral de tan delicioso y adorable redentor de tristezas.
Pienso que el clítoris debería ser considerado santo en cualquier hagiografía feminista que se precie. Pocos como él ejemplifican la vida del inocente ajusticiado y condenado sin motivo alguno. En su larga existencia sobre la tierra, ha sido ignorado (los pragmáticos penetradores sólo reconocían el orgasmo vaginal) , escarnecido (envidioso del pene, lo llamaron los freudianos) y martirizado hasta causarle graves lesiones , como demuestran las brutales prácticas que motivan este artículo.
¿No merecería tan incomprendida divinidad un profundo y sentido desagravio?
De oro y diamantes le hacía yo un altar, al fabuloso botoncillo de miel, que nos lleva, con su manojito de nervios finos a "resolvirarnos en agudos pínices", según la bella definición de orgasmo que nos dejó Cortázar.
Ojalá algún día, nuestro sutil grial, reciba la adoración y el mimo que merece, símbolos del respeto a la libertad y al placer de la mujer.
viernes, 29 de febrero de 2008
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