jueves, 26 de octubre de 2017




Diálogo amoroso de la DUI y el 155 ,a lo Gutierrez de Cetina...

-Si tal dije,aquel fuego que se enciende
en mis entrañas,arda de tal suerte,
que iguale a la ocasión de que desciende...
Mas si no dije tal,si tan bastante
prueba de mi tenèis,que os amo tanto
¿por qué os endurecéis como diamante?

-No déis a tanto amor tan mala paga
pues tarde hallaréis quien tanto os quiera.

martes, 9 de febrero de 2016

GUIOMAR, ARMAS DE MUJER


Hoy quiero hablaros de Guiomar,una chica que, sin estar en facebook,llega hasta nosotros entre las brumas de la literatura medieval.
En los romances del ciclo de Roncesvalles, nuestra bella desconocida, destaca por su fina diplomacia y su delicada astucia.
Si Melisenda, la insomne,se busca la vida y,de paso, el orgasmo, con una absoluta falta de escrúpulos, la racional Guiomar tiene otro estilo, pero idéntica eficacia.
El romance nos cuenta que saliendo ella del baño, toda perfumada, "colorada como rosa y el rostro como cristal", se encuentra hundido a su padre, el rey moro Jafar, lloriqueando en el salón.
Papi está quemadísimo porque el cruel emperador Carlos, le requisa todas sus propiedades y reinos. Guiomar comprende que toda su vida de lujo y jacuzzi está en completo riesgo.Templando sus nervios , se dice que no todo está perdido: tiene imagen, algunos contactos en el bando enemigo,como el apuesto Montesinos, sobrino del emperador y un buen fondo de armario.
Sin perder un instante, optimiza su look, "puesta en invenciones y en vestidos se ensayar" y organiza una pasarela con las cien top models más guays de su reino, para impactar al abusivo imperante.
La hora de la siesta es la elegida, para presentarse como una diosa ante el divino Carlos. Sabe que la hora de "dormir y folgar" es el famoso "l'amour l'aprés midi", que encanta a los franceses.
Su plan funciona y el folgante Carlos y toda su machuna corte, quedan fascinados con la seductora colección de cuerpazos de vértigo y melena al viento..."cabellos de su cabeza, sueltos los quiere llevar".
Guiomar ,con melodiosa plática y coqueteo de Barbie, va enredando al de la barba florida:"hablando de estos placeres, en que los dos están"... nos dice el cronista.En este ambiente de relax y sexappeal, la avezada vendedora de humo, pone, a los pies de Carlos, el reino que ya tiene perdido:"que tome todos los reinos, que hoy son del rey, mi padre y esto sin hacer guerra, sino de muy buena voluntad".Conmovido y halagado en su vanidad, el emperador, no sólo le devuelve su patrimonio,como caballero francés que es, sino que le ofrece el enlace con el guapísimo Montesinos,para que todo quede en familia.
Guiomar está flipando, pero entonces el emperador le dice que si desea casarse con su sobrinísimo, debe convertirse a la fe cristiana.Lo piensa un poquito, o sea, dos versos, y acepta encantada, aunque pide que la boda sea secreta y que su conversión no se comente en las redes sociales, para que no se entere papi,moro de la morería,  que el pobre no está para más disgustos:" y esto muy secretamente, que no lo sepa mi padre", que está en tó, mi Guiomar.
Cuando vuelve a casa, con el reino intacto y un pedazo de contrato matrimonial en el bolsillo, su padre le da una fiesta y decide no hacerle preguntas, porque él ,mejor que nadie, sabe  lo lista que es su niña,y que por los siglos de los siglos, se hablará de ella...
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              Ya se sale Guiomar    de los baños de bañar
  2           colorada como la rosa,    su rostro como cristal.
                Cien damas salen con ella    que a su servicio están,
  4           eran todas fijas dalgo,    muy fermosas en verdad,
                ricamente ataviadas    que era gloria de mirar.
  6           Preguntando va Guiomar    por el rey Jafar su padre.
                Respondiera un caballero    que le estaba delante:
  8           --Retraído está, señora,    en su palacio real,
                de dentro de siete puertas    allá se fuera a encerrar,
  10         y mandó a los porteros    que a nadie dejen entrar
                sino a sus caballeros,    los del consejo real;
  12         llorando está de sus ojos    que es dolor de lo mirar,
                mesábase los cabellos,    sus barbas otro que tal.
  14         La causa del lloro tan grande    yo no la sabré contar,
                mas sé que le han venido cartas    de Carlos el emperante,
  16         lo que contienen aquellas    yo no lo sabré contar.--
                Guiomar que esto oyera    corriendo va a más andar,
  18         que ni atiende a sus damas,    ni a nadie quiso esperar;
                antes se fue al palacio    donde estaba el rey su padre.
  20         No hay portero que la detenga    ni la osase bablar.
                Allegara a la gran sala    donde su padre está,
  22         vio a sus caballeros    que le estaban delante
                puestos en tan gran silencio    que a nadie oyó hablar
  24         y allí vido estar al rey    en la su silla real,
                su mano tenía en el rostro    con un pensamiento grande.
  26         Allegóse Guiomar,    y humillósele delante,
                tomándolo por la mano    por habérgela de besar.
  28         El rey Jafar que la viera    la fue luego a levantar
                y besándola en el rostro    no pudo estar de llorar.
  30         Fízole dar una silla,    y cabo él se fue a sentar.
                Allí fabló Guiomar    y empezara de hablar:
  32         --Por Dios vos ruego, el rey,    me digades la verdad:
                ¿Qué es la causa del enojo?    ¿Quién vos ha hecho pesar?
  34         Y acordáos que las mujeres    son para bien y para mal.--
                Respondiérale el rey    con gran tristeza y pesar:
  36         --Sabréis, fija Guiomar,    la causa de nuestro mal:
                que ha dos horas o poco menos    cartas me fueron llegar,
  38         las cuales envió don Carlos,    capitán de la cristiandad,
                en que me envía las treguas,    y me tornara las paces,
  40         y me suelta los tributos,    que ya no los quiere más;
                mas demándame mis reinos    que se los haya de dejar.
  42         Y si no lo hago, hija,    los meterá a huego y sangre.
                Treinta días me dio de plazo,    que más no me quiso dar,
  44         y la peor señal que veo    y que a mí da mayor pesar,
                es ver que en riberas de Ebro    tiene asentado su real.
  46         Y si hago resistencia    serme hia mayor mal,
                aunque sesenta mil combatientes    bien los puedo yo allegar
  48         de Aragon y de Castilla,    y Valencia esa ciudad.
                Mas ¿qué aprovecha? mi hija,    que será doblar mis males;
  50         que tiene otros tantos,    y con ellos los doce pares,
                y si más gente quisiere,    a toda la cristiandad.
  52         Y de todo aquesto, fija,    a vos toca el mayor mal:
                que de mí ya no me pesa,    que soy viejo y de gran edad;
  54         mas recibo de vos pena    que sois niña y de poca edad,
                porque agora venía el tiempo    que habíades de reinar.
  56         ¿Quién gobernará mis reinos,    mis villas y mis ciudades?
                ¿Quién manterná mis caballeros,    los de mi corte real?
  58         ¿Y vos y yo, la mi fija,    dónde iremos a parar?--
                Guiomar era discreta    si en el mundo había su par,
  60         y cuanto le dijo el rey    lo fue muy bien a escuchar,
                respondióle con gran tiento    y empezara de hablar:
  62         --No desmayes, el buen rey,    no quieras tomar pesar,
                que si Alá me da la vida    yo lo entiendo remediar
  64         si vos, rey, me dais licencia    que haga a mi voluntad
                y que lo que yo hiciere    por hecho lo hayáis de dar.--
  66         El rey Jafar que esto oyera    tal respuesta le fue a dar:
                --Por Dios vos ruego, mi fija,    vos me lo queráis contar
  68         de qué suerte lo haredes,    o cómo pensáis remediar.--
                Guiomar como obediente    le diera respuesta tal:
  70         --Que de grado lo diría    por servir su Majestad.
                Acordaos, rey, de Cellinos    que tovistes en catividad,
  72         que siete años o más    estuvo sin libertad,
                y sin decillo a vuestra Alteza    licencia le fuera a dar,
  74         que se tornase en Francia,    a su tierra natural.
                Pues estando él en el campo    en algo me ha de ayudar,
  76         y cuando él no me ayudase,    otro mayor pienso fallar,
                que allí será Montesinos,    ese esclarecido infante,
  78         que mucho tiempo me ha servido    en vuestra corte real;
                por mí ha hecho torneos,    por mí en campo fue a entrar;
  80         y también sé que don Carlos,    aquel alto emperante,
                nadie le pidió merced    que el no se la otorgase.
  82         Y por esto os ruego, padre,    licencia me queráis dar,
                que delante d`él yo vaya    para merced le demandar:
  84         que él es tan magnífico hombre    que no me la negará--
                El rey Jafar que esto oyera    luego se fuera a turbar,
  86         maldiciendo la fortuna    empezara de llorar
                diciendo estas palabras    con dolor y sospirar:
  88         --¡Oh desventurado rey    que en el mundo no hay su par!
                ¡Oh mi hija Guiomar,    espejo de mi mirar!
  90         ¡Oh descanso de mi vida,    reposo de mi pesar!
                ¿Quién vos dará tal licencia,    quién vos la osará dar?
  92         ¿Quién vos asegura, fija,    a vos en la cristiandad,
                que no os sea hecha deshonra,    o vos hayan de avergonzar?--
  94         Guiomar que aquesto oyera    tal respuesta le fue a dar:
                --Yo suplico a vuestra Alteza    que no quiera tal hablar;
  96         que nunca en campo ninguno    se usó tal platicar
                que a nadie que fuese de grado    se le oviese de hacer mal.
  98         Cuanto más do está el gran Carlos    y aquellos doce sin par,
                así que por ese cabo    bien os podréis segurar.
  100       Y envía por las trompetas    cuantas en la tierra están,
                manda hacer un pregón    por su reino general:
  102       que cualquier dama hermosa    se haya de aparejar,
                y otro día de mañana    sea al palacio real.
  104       Viendo el rey que más no pudo    el pregón mandara dar:
                que obedezcan a Guiomar,    que hagan a su voluntad.
  106       Viérades la barahunda    que había en la ciudad,
                de atavíos de las damas    cuál saldría más galana.
  108       Pues decir de Guiomar    sería largo de contar,
                que toda la noche en peso    jamás se quiso acostar,
  110       mas puesta en invenciones    y en vestidos se ensayar.
                Y no era venido el día    cuando ella en punto está;
  112       mandó abrir las sus salas    y su palacio real.
                Viérades entrar las damas    que es placer de lo mirar,
  114       cada una de su atavío    quién más linda puede andar.
                Y cuando estuvieron juntas    en su palacio real,
  116       fablárales Guíomar    a todas en general:
                --Bien sabéis, hermanas mías,    nuestra gran nesesidad
  118       y sabéis todas las cosas    que ha escrito el emperante.
                Y para remediar tal daño    es de gran necesidad
  120       que vais todas conmigo    a la su tienda real
                a suplicar a su Alteza,    merced nos quiera otorgar,
  122       que nos delibre las tierras,    y que nos torne la paz.--
                Las damas que esto oyeron    le dieron respuesta tal:
  124       que eran todas muy contentas    por servir su Majestad:
                Levantóse en pie Guiomar,    agradecióles su voluntad
  126       y escogió cien damas de ellas    que más le fueron agradar,
                aunque no fuesen fijas dalgo,    ni de muy alto linaje.
  128       Y las que no eran tan vestidas    de sus ropas les hacía dar;
                mandó traer cabalgaduras    para ellas cabalgar,
  130       ricamente guarnecidas    que era cosa de mirar.
                Con ellas cien caballeros    por más honestas andar.
  132       Mandó allegar las trompetas    y atabales otro que tal;
                hizo venir los instrumentos    que se pudieron hallar.
  134       Desque todo fue a punto    mandó a todos cabalgar.
                Vérades cabalgar damas,    caballeros otro que tal;
  136       ver cuál iba Guiomar    nadie lo sabría contar:
                encima de una hacanea blanca    que en Francia no la había tal,
  138       un brial vestido blanco    de chapado singular,
                mongil de blanco brocado,    enforrado en blanco cendal,
  140       bordado de pedrería    que no se puede apreciar,
                una cadena a su cuello    que valía una ciudad.
  142       Cabellos de su cabeza    sueltos los quiere llevar,
                que parecen oro fino    en medio de un crista,
  144       una guirlanda en su cabeza,    que su padre le fue a dár,
                de muy rica pedrería    que en el mundo no hay su par.
  146       Ya se parte Guiomar,    ya empieza de caminar,
                con ella sale el rey Jafar    fasta la puerta de la ciudad.
  148       Desque fueron a la puerta    Guiomar le fue a hablar,
                tomándolo de las manos    que se las quiere besar,
  150       rogándolo mucho de grado    no recibiese pesar
                El rey Jafar que la oyera    no pudo estar de llorar,
  152       diciéndole: --Fija mía    no me queráis olvidar,
                cuando seréis entre cristianos,    de mí os queráis acordar;
  154       mirad cómo quedo solo    con una angustia mortal.--
                Dándole su bendición    licencia le fuera a dar.
  156       Ya se parte Guiomar    para do está el emperante.
                Siesta era de mediodía,    tiempo de calor muy grande
  158       cuando el emperador Carlos    se levanta de yantar
                y con él todos los doce    que a su mesa comen pan.
  160       Cada uno se va a su tienda    a dormir y a folgar
                cuando llegó Guiomar    al real del emperante.
  162       Desque fue cerca las tiendas    las trompetas mandó llamar,
                que desparasen todos juntos    cuantos instrumentos hay.
  164       Ya desparan las trompetas,    atabales otro que tal,
                hacían tan grande estruendo    que la tierra hacen temblar.
  166       Viérades los franceses    voces que empiezan a dar,
                diciendo: --¡Al arma, al arma,    todo hombre a cabalgar!,
  168       que este era el rey Jafar,    o alguna traición grande.--
                Mas presto llega la guarda    que tenía el emperante,
  170       y vieron ser Guiomar,    que venía tan triunfante.
                Presto se tornan las guardas    por la gente asegurar,
  172       y dieron presto las nuevas    a Carlos el emperante
                cómo era Guiomar    que venía le hablar,
  174       y le demanda licencia    si la dejara entrar.
                El emperador muy contento    de grado se la fue a dar.
  176       Ya entraba Guiomar    por medio de aquel real.
                Treinta pasos de la tienda    donde estaba el emperante
  178       descabalgó Guiomar.    Sus damas mandó apear
                por hacer acatamiento    a la corona real;
  180       pasó por medio la guarda    que tenía el emperante,
                que eran más de dos mil hombres    los que le suelen guardar.
  182       Y cuando llegó a la puerta    de aquella tienda real,
                viera estar a don Carlos,    aquel alto emperante.
  184       Conociólo Guiomar    según dél tenía señal:
                con aquellas barbas blancas    que tenía por la su faz,
  186       que jamás pelo en su vida    de la barba fuera a cortar.
                Guiomar como discreta    ante él se fue a arrodillar,
  188       tomándolo por las manos    por habérselas de besar.
                El emperador que la mira    le fue tanto a contentar,
  190       que la tomó por los brazos,    y la hizo levantar,
                besándola en el carrillo,    las manos no le quiso dar;
  192       antes la tomó del brazo,    y en la tienda la hizo entrar,
                hízole dar una silla,    cabo él la mandó asentar.
  194       Fablándole muchas palabras    que era placer de escuchar,
                dícele que le pesaba,    por ser de tan gran edad,
  196       para ser su caballero,    y de ella se enamorar.
                Hablando de estos placeres    en que los dos están
  198       vierades los caballeros    atavíos ensayar,
                cuál iría más polido,    cuál iría más galán,
  200       y el que más presto se viste    se ya a la tienda real
                a ver la gran fermosura,    por ver aquella beldad
  202       de Guiomar la linda    que en lindez no hay su par.
                Allí vino Oliveros,    allí vino don Roldán,
  204       y vienen los doce pares    de Francia la natural.
                A todos hace dar sillas    aquella real Majestad.
  206       Ellos en aquesto estando    vieron por la puerta entrar
                ese infante Montesinos,    sobrino del emperante,
  208       con una ropa de brocado    que al suelo quiere llegar,
                una cadena a su cuello    que mil marcos de oro vale.
  210       Guiomar desque lo viera    al emperador fue suplicar,
                le quisiese dar licencia    para habelle de halar.
  212       El emperador de buen grado    luego se la fuera a dar.
                Salió a la puerta de la tienda    y fuéraselo a abrazar.
  214       Montesinos que la viera    cuasi se fuera a turbar;
                la color toda mudada,    le empezara de hablar:
  216       --Bien sea venida vuestra Alteza,    bueno sea vuestro llegar--
                Y tomábale las manos    que se las quería besar;
  218       mas Guiomar no quiso,    nunca se las quiso dar.
                Montesinos de turbado    no se le fue a acordar,
  220       que había andado diez pasos    sin la cabeza se cobijar.
                Guiomar que lo viera    el bonete le hizo tornar.
  222       El emperador que los viera    luego los hace sentar,
                desque todos fueron posados    empezaron de hablar
  224       de aquella gran fermosura    que Dios había querido dar
                a la infanta Guiomar    y a las damas que con ella van.
  226       Allí fabló el emperador    a todos en general:
                --Yo tal fermosura de dama    nunca vi en la cristiandad;
  228       mas por ser ella tan hermosa    una merced le quiero dar:
                que yo he dado treinta días    a su padre el rey Jafar
  230       demandándole las tierras,    y tornándole la paz.
                Por amor de Guiomar    le quiero dar mucho más:
  232       yo le doy más cuatro meses,    y estos le quiero dar.--
                Guiomar que esto oyera    en pie se fue a levantar,
  234       las rodillas por el suelo    le comenzó de hablar,
                haciéndole muchas gracias    de la merced que le fue a dar.
  236       --Mas suplico a vuestra Alteza,    no se quiera enojar,
                de recebir una merced    la cual yo le quiero dar:
  238       que tome todos los reinos    que hoy son del rey mi padre,
                y esto sin hacer guerra,    sino de muy buena voluntad.
  240       El emperador que esto oyera    fuérase a maravillar,
                diciendo estas palabras    con un placer atan grande:
  242       que jamás fallara a nadie    que le llevase ventaja
                de siempre mercedes    y dar de contino a grandes,
  244       sino era Guiomar    que con él se quiso igualar;
                mas que él no consiente,    ni lo quería otorgar;
  246       que antes le torna las tierras    y le volvía las paces,
                y le suelta los tributos,    que no los quería más
  248       y le hacía seguro    de nunca lo enojar:
                --Mas yo vos pido una gracia    nunca me la queráis negar:
  250       que se tornase cristiana    y con Montesinos casar.
                Guiomar que esto oyera    mucho se fuera a turbar;
  252       estuvo pensando un rato    sin respuesta le tornar;
                mas Dios todopoderoso    en su corazón fue a entrar,
  254       y dijo que lo placía    de cristiana se tornar
                por hacer servicio a su Alteza,    con Montesinos casar:
  256       --Y esto muy secretamente    que no lo sepa mi padre,
                pues que era ya tan viejo    y puesto en la postrera edad;
  258       que desque será muerto    yo lo haré publicar.--
                Mandó venir un arzobispo    y un perlado cardenal,
  260       que la hiciesen cristiana,    y la quieran desposar.
                Esto hecho entre ellos    licencia fue a demandar
  262       a aquel gran emperador,    que luego se la fue a dar.
                Y así se fue Guiomar    con muy gran solemnidad.

  264       Gran fiesta le hizo su padre    cuando la vido tornar.



lunes, 8 de febrero de 2016

MELISENDA, I LOVE YOU

Melisenda es una chica de la Edad Media bastante intensa.Es mona, rica, insomne y duerme desnuda, "como la madre que la parió" ,dice el romance.Usa una lencería chula, como de Oysho, para despertar a sus relajadas amigas y contarles, que está desatá de calenturas por su amado Ayuelos.
Ayuelos es de la jet,conde por más señas, promiscuo por juramento: "mujer que a mí me demande , nunca mi cuerpo negalle" y se le supone un cuerpo gymn por luchas continuas ,con loriga y chándal de malla...wow!!! 
Melisenda para satisfacer sus deseos, debe matar a un agente de seguridad ,"allí murió Fernandino, el alguacil de su padre";usar alta tecnología, para forzar las cerraduras del castillo loft de su amado:"con arte de encantamiento , ábrelas de par en par", cortar el fluido eléctrico de la época :"siete antorchas que allí arden , todas las fuera a apagar";hacerse pasar por mora de la morería y currarse su propia promoción ,contando a Ayuelos lo buenísima que está: " mi cuerpo tengo tan blanco, como un fino cristal...etc"
A la hora de la verdad, Melisenda, es fabulosa: "en las tinieblas oscuras, de Venus es su jugar".
Finalmente , tiene que soportar el arrepentimiento y los lloriqueos de Ayuelos (post-coito naturalmente, porque los hombres no suelen arrepentirse antes), que no ve bien el superpolvazo, siendo ella de una clase social superior...¡Hombres!
Melisenda, hija, ¡Cómo te curras el placer!
Es verdad que eres lasciva, asesina, mentirosa y bruja, pero tienes el cielo ganao...o el infierno, pero I love you , Melisenda!


Romance de la linda Melisenda 

Todas las gentes dormían, 
en las que Dios tiene parte,
 mas no duerme Melisenda
 la hija del emperante,
 que amores del conde Ayuelos
 no la dejan reposar.
 Salto diera de la cama
 como la parió su madre, 
vistiérase una alcandora 
no hallando su brial;
 vase para los palacios
 donde sus damas están,
 dando palmadas en ellas 
las empezó de llamar:
 —¡Si dormides, mis doncellas,
 si dormides, recordad!;
 Las que sabedes de amores 
consejo me queráis dar, 
las que de amor no sabedes 
tengádesme poridad: 
amores del conde Ayuelos
 no me dejan reposar—. 
Allí hablara una vieja,
 vieja es de antigua edad:
 —Agora es tiempo, señora, 
de los placeres tomar, 
que si esperáis a vejez 
no vos querrá un rapaz—. 
Desque esto oyó Melisenda 
no quiso más esperar,
 y vase a buscar al conde
 a los palacios do está. 
Topara con Hernandillo
 un alguacil de su padre:
 —¿Qué es aquesto, Melisenda? 
esto ¿qué podía estar? 
¡O vos tenéis mal de amores 
o os queréis loca tornar!— 
—Que no tengo mal de amores 
ni tengo por quién penar,
 mas cuando yo era pequeña 
tuve una enfermedad;
 prometí tener novenas
 allá en San Juan de Letrán; 
las dueñas iban de día,
 doncellas agora van—. 
Desque esto oyera Hernandillo
 puso fin a su hablar. 
 La infanta, mal enojada,
 queriendo dél se vengar:
 —Prestásesme ora, Hernando,
 prestásesme tu puñal, 
que miedo me tengo, miedo 
de los perros de la calle—.
 Tomó el puñal por la punta,
 los cabos le fue a dar;
 diérale tal puñalada 
que en el suelo muerto cae. 
—Ahora vete tú Hernandillo,
 y cuéntalo al rey mi padre—.
 Y vase para el palacio
 a do el conde Ayuelos está. 
Las puertas halló cerradas, 
no sabe por donde entrar;
 con arte de encantamiento
 las abrió de par en par,
 siete antorchas que allí arden
 todas las fuera a apagar. 
Despertado se había el conde
 con un temor tan grande: 
—¡Ay, válasme, Dios del cielo 
y santa María su madre! 
¿Si eran mis enemigos
 que me vienen a matar, 
o eran los mis pecados 
que me viene a tentar? 
La Melisenda discreta 
le empezara de hablar:
 —No te congojes, señor,
 no quieras pavor tomar,
 que yo soy una morica 
venida de allende el mar.
 Mi cuerpo tengo tan blanco 
como un fino cristal, 
mis dientes tan menudicos,
 menudos como la sal 
mi boca tan colorada 
como un fino coral—.
 Desque esto oyera el conde
 luego conocido la ha;
 fuese el conde para ella,
 las manos le fue a tomar,
Allí fablara el buen conde,
 tal respuesta le fue a dar;
 —Juramento tengo hecho, 
y en un libro misal, 
 que mujer que a mí demande 
nunca mi cuerpo negalle,
 si no era a la Melisenda, 
la hija del emperante.
 Entonces la Melisenda, 
comenzóle a besar, 
y en las tinieblas oscuras 
de Venus es su jugar.
 Cuando vino la mañana 
que quería alborear, 
hizo abrir las sus ventanas,
 por la morica mirar;
 vido que era Melisenda,
 y empezóle de hablar:
 —¡Señora, cuán bueno fuera 
a esta noche me matar, 
antes que haber cometido 
aqueste tan grande mal! 

jueves, 23 de julio de 2009


EL AMANTE TOLTECA

Hoy tengo filin de Teotihuacán.Una conexión neuronal de corte mexicano, en la que el apuesto mozo de mis desvelos se funde con un diosecillo azteca que se llama Chac Mool.
El divino ente tiene su punto y su mijita de tirón.El tipo está acostado, con la noble indolencia de los ídolos,pero no duerme...se apoya sobre sus codos,flexiona sus piernas y girando la cabeza, te mira fijamente con sus ojos pétreos de sherlock que todo lo ve.¡Guapo friki!, me digo, mientras observo su look de casual boy playero, que mirase trikinis en la Riviera Maya...
Hasta lleva un toque tecno-fashion, además.Se adorna la cabeza con un extraño tocado, que me hace pensar en un neo-chisme para juegos virtuales con que entretener los tedios tropicales.Que por ahí también me trajina el tío,que sabe de informática y me puede embelesar mostrándome unas virtualidades de ensueño y unos paraísos sentimentales ,que me veo ya toda predispuesta a sucumbir a sus espejismos de web-cam,como te lo estoy contando.
Y me voy enganchando del apático desalmado, un guaperas hastiado de sus vacaciones eternas,que en eso debe consistir la divinidad, algo así como un pack con todo incluido ,que llega a cansar, seguro...pero, hay algo extraño en su vientre plano de gimnasio.Tiene un abdomen-bandeja, que pide libaciones y ofrendas.No hay dios por pequeño que sea ,que no tenga un peaso piquito para pedir.Sólo se sienten divinos ,si les corroboras el rango con tus dádivas, son así ,bulímicos de adoración.
Me acerco, generosa,resignada a idolatrar sus bellos muslos indígenas y murmuro fascinada:" A ver, cielo, ¿que pides tú?" Entonces ,el divain de los divains, que qué cuerpazo tan compacto tiene, madre mía,muestra su hilera de dientes perfectos y husmea con delicia carnívora mis entrañas.Es en ese momento, cuando comprendo , que el megacachas apolíneo que me tiene embebecía , se alimenta de corazones humanos,que lleva ya tiempo así, nutriendo su insaciable ego de jaguar aburrido,con vísceras calientes, que le chorrean en el ara-barriga...y es en ese mismo instante cuando ,en el más puro estilo quezaltcoatl, con un fabuloso coletazo le doy la espalda a Chaky y sus clones ,restaño mis heridas con la salivilla agridulce de mi lengua bífida y me alejo serpentando hacia un hermoso cielo, con mis bellas plumas de alegría cabaretera. Que ya está una jarta de tanto felino endiosaíto y apetece un ambientito más humano,la verdad.

jueves, 21 de agosto de 2008


MESSENGER Y LOS CARTAGINESES

Que hoy tengo mono de ANÍBAL el de Cartago.
La lucha entre este genio militar y Roma es un clásico histórico.Una famosa leyenda nos cuenta que el tozudo cartaginés juró, a los nueve años,odio eterno a los romanos y ese mal rollo recalcitrante llenó toda su vida.
Si ANÍBAL pudiese darse un voltereto por los territorios virtuales de MESSENGER y ver lo que duran las relaciones y escaramuzas de sus personajes, se quedaría más cortao que en la batalla de Zama, donde el hombre tuvo un mal día y se quedó con los ojos a cuadros contemplando su derrota .
Cuando observo, con mirada desencantada yo también,como los contactos de mi "messenger-amor y amistad"aparecen y desaparecen sin dejar la menor huella, a golpe de click y papelera de reciclaje,una no puede menos de sentir nostalgia del viejo adversario de Roma.
Es verdad, que sus sentimientos belicosos no eran políticamente correctos,ni sicológicamente sanos, pero qué continuidad, qué consistencia y durabilidad ,casi siento envidia de un odio así.
Aunque comprendo que la lógica implacable del consumismo capitalista ha conformado también , con su "usar y tirar", nuestras relaciones afectivas (que ya son por catálogo, con foto incluida y otros datos relevantes de la mercancía),me dan jamacucos líricos de mi siquismo atávico, no lo puedo remediar. Me entra la bajona manriqueña y, mientras elimino mi último amor de hotmail,voy murmurando por lo bajinis aquello de "Ved de cuán poco valor son las cosas tras que andamos y corremos, que en este mundo traidor, aún primero que muramos, las perdemos..."
En eso ya tuvo vista BÉCQUER, cuando exclamó "¡Oh, barro miserable! eternamente, no podrás ni aún sufrir", y con lo del "barro miserable", creo yo que se refería ,en una brillante premonición , a la "porca miseria"en que han quedado las viejas virtudes de la sociabilidad humana como la paciencia, la fidelidad, la constancia y el poder confiar en que el tipo con el que duermes un día, no se haya convertido al siguiente en un número de móvil, al que colocar el tono ocupado.
Pues eso, que digo yo que tuvo suerte el joío del fenicio y sus broncas eternas con los Escipiones,enemigos de una pieza,que siempre estaban ahí. A mi ,en cambio, "no me duran ni un polvo siquiera" , que diría el pintoresco y ya vetusto personaje de ANARCOMA, de cómic también él.
"O tempora, o mores..."