Hoy quiero hablaros de Guiomar,una chica que, sin estar en facebook,llega hasta nosotros entre las brumas de la literatura medieval.
En los romances del ciclo de Roncesvalles, nuestra bella desconocida, destaca por su fina diplomacia y su delicada astucia.
Si Melisenda, la insomne,se busca la vida y,de paso, el orgasmo, con una absoluta falta de escrúpulos, la racional Guiomar tiene otro estilo, pero idéntica eficacia.
El romance nos cuenta que saliendo ella del baño, toda perfumada, "colorada como rosa y el rostro como cristal", se encuentra hundido a su padre, el rey moro Jafar, lloriqueando en el salón.
Papi está quemadísimo porque el cruel emperador Carlos, le requisa todas sus propiedades y reinos. Guiomar comprende que toda su vida de lujo y jacuzzi está en completo riesgo.Templando sus nervios , se dice que no todo está perdido: tiene imagen, algunos contactos en el bando enemigo,como el apuesto Montesinos, sobrino del emperador y un buen fondo de armario.
Sin perder un instante, optimiza su look, "puesta en invenciones y en vestidos se ensayar" y organiza una pasarela con las cien top models más guays de su reino, para impactar al abusivo imperante.
La hora de la siesta es la elegida, para presentarse como una diosa ante el divino Carlos. Sabe que la hora de "dormir y folgar" es el famoso "l'amour l'aprés midi", que encanta a los franceses.
Su plan funciona y el folgante Carlos y toda su machuna corte, quedan fascinados con la seductora colección de cuerpazos de vértigo y melena al viento..."cabellos de su cabeza, sueltos los quiere llevar".
Guiomar ,con melodiosa plática y coqueteo de Barbie, va enredando al de la barba florida:"hablando de estos placeres, en que los dos están"... nos dice el cronista.En este ambiente de relax y sexappeal, la avezada vendedora de humo, pone, a los pies de Carlos, el reino que ya tiene perdido:"que tome todos los reinos, que hoy son del rey, mi padre y esto sin hacer guerra, sino de muy buena voluntad".Conmovido y halagado en su vanidad, el emperador, no sólo le devuelve su patrimonio,como caballero francés que es, sino que le ofrece el enlace con el guapísimo Montesinos,para que todo quede en familia.
Guiomar está flipando, pero entonces el emperador le dice que si desea casarse con su sobrinísimo, debe convertirse a la fe cristiana.Lo piensa un poquito, o sea, dos versos, y acepta encantada, aunque pide que la boda sea secreta y que su conversión no se comente en las redes sociales, para que no se entere papi,moro de la morería, que el pobre no está para más disgustos:" y esto muy secretamente, que no lo sepa mi padre", que está en tó, mi Guiomar.
Cuando vuelve a casa, con el reino intacto y un pedazo de contrato matrimonial en el bolsillo, su padre le da una fiesta y decide no hacerle preguntas, porque él ,mejor que nadie, sabe lo lista que es su niña,y que por los siglos de los siglos, se hablará de ella...
....................................................................
Ya se
sale Guiomar de los baños de bañar
2 colorada
como la rosa, su rostro como cristal.
Cien damas salen con ella que a su servicio están,
4 eran
todas fijas dalgo, muy fermosas en
verdad,
ricamente ataviadas que era gloria de mirar.
6 Preguntando
va Guiomar por el rey Jafar su padre.
Respondiera un caballero que le estaba delante:
8 --Retraído
está, señora, en su palacio real,
de dentro de siete puertas allá se fuera a encerrar,
10 y
mandó a los porteros que a nadie dejen
entrar
sino a sus caballeros, los del consejo real;
12 llorando
está de sus ojos que es dolor de lo
mirar,
mesábase los cabellos, sus barbas otro que tal.
14 La
causa del lloro tan grande yo no la
sabré contar,
mas sé que le han venido cartas de Carlos el emperante,
16 lo
que contienen aquellas yo no lo sabré
contar.--
Guiomar que esto oyera corriendo va a más andar,
18 que
ni atiende a sus damas, ni a nadie
quiso esperar;
antes se fue al palacio donde estaba el rey su padre.
20 No
hay portero que la detenga ni la osase
bablar.
Allegara a la gran sala donde su padre está,
22 vio
a sus caballeros que le estaban
delante
puestos en tan gran silencio que a nadie oyó hablar
24 y
allí vido estar al rey en la su silla
real,
su mano tenía en el rostro con un pensamiento grande.
26 Allegóse
Guiomar, y humillósele delante,
tomándolo por la mano por habérgela de besar.
28 El
rey Jafar que la viera la fue luego a
levantar
y besándola en el rostro no pudo estar de llorar.
30 Fízole
dar una silla, y cabo él se fue a
sentar.
Allí fabló Guiomar y empezara de hablar:
32 --Por
Dios vos ruego, el rey, me digades la
verdad:
¿Qué es la causa del enojo? ¿Quién vos ha hecho pesar?
34 Y
acordáos que las mujeres son para bien
y para mal.--
Respondiérale el rey con gran tristeza y pesar:
36 --Sabréis, fija Guiomar, la causa de nuestro mal:
que ha dos horas o poco menos cartas me fueron llegar,
38 las
cuales envió don Carlos, capitán de la
cristiandad,
en que me envía las treguas, y me tornara las paces,
40 y
me suelta los tributos, que ya no los
quiere más;
mas demándame mis reinos que se los haya de dejar.
42 Y
si no lo hago, hija, los meterá a
huego y sangre.
Treinta días me dio de plazo, que más no me quiso dar,
44 y
la peor señal que veo y que a mí da
mayor pesar,
es ver que en riberas de Ebro tiene asentado su real.
46 Y
si hago resistencia serme hia mayor
mal,
aunque sesenta mil combatientes bien los puedo yo allegar
48 de
Aragon y de Castilla, y Valencia esa
ciudad.
Mas ¿qué aprovecha? mi hija, que será doblar mis males;
50 que
tiene otros tantos, y con ellos los
doce pares,
y si más gente quisiere, a toda la cristiandad.
52 Y
de todo aquesto, fija, a vos toca el
mayor mal:
que de mí ya no me pesa, que soy viejo y de gran edad;
54 mas
recibo de vos pena que sois niña y de
poca edad,
porque agora venía el tiempo que habíades de reinar.
56 ¿Quién
gobernará mis reinos, mis villas y mis
ciudades?
¿Quién manterná mis caballeros, los de mi corte real?
58 ¿Y
vos y yo, la mi fija, dónde iremos a
parar?--
Guiomar era discreta si en el mundo había su par,
60 y
cuanto le dijo el rey lo fue muy bien
a escuchar,
respondióle con gran tiento y empezara de hablar:
62 --No
desmayes, el buen rey, no quieras
tomar pesar,
que si Alá me da la vida yo lo entiendo remediar
64 si
vos, rey, me dais licencia que haga a
mi voluntad
y que lo que yo hiciere por hecho lo hayáis de dar.--
66 El
rey Jafar que esto oyera tal respuesta
le fue a dar:
--Por Dios vos ruego, mi fija, vos me lo queráis contar
68 de
qué suerte lo haredes, o cómo pensáis
remediar.--
Guiomar como obediente le diera respuesta tal:
70 --Que
de grado lo diría por servir su
Majestad.
Acordaos, rey, de Cellinos que tovistes en catividad,
72 que
siete años o más estuvo sin libertad,
y sin decillo a vuestra Alteza licencia le fuera a dar,
74 que
se tornase en Francia, a su tierra
natural.
Pues estando él en el campo en algo me ha de ayudar,
76 y
cuando él no me ayudase, otro mayor
pienso fallar,
que allí será Montesinos, ese esclarecido infante,
78 que
mucho tiempo me ha servido en vuestra
corte real;
por mí ha hecho torneos, por mí en campo fue a entrar;
80 y
también sé que don Carlos, aquel alto
emperante,
nadie le pidió merced que el no se la otorgase.
82 Y
por esto os ruego, padre, licencia me
queráis dar,
que delante d`él yo vaya para merced le demandar:
84 que
él es tan magnífico hombre que no me
la negará--
El rey Jafar que esto oyera luego se fuera a turbar,
86 maldiciendo
la fortuna empezara de llorar
diciendo estas palabras con dolor y sospirar:
88 --¡Oh
desventurado rey que en el mundo no
hay su par!
¡Oh mi hija Guiomar, espejo de mi mirar!
90 ¡Oh
descanso de mi vida, reposo de mi
pesar!
¿Quién vos dará tal licencia, quién vos la osará dar?
92 ¿Quién
vos asegura, fija, a vos en la
cristiandad,
que no os sea hecha deshonra, o vos hayan de avergonzar?--
94 Guiomar
que aquesto oyera tal respuesta le fue
a dar:
--Yo suplico a vuestra Alteza que no quiera tal hablar;
96 que
nunca en campo ninguno se usó tal
platicar
que a nadie que fuese de grado se le oviese de hacer mal.
98 Cuanto
más do está el gran Carlos y aquellos
doce sin par,
así que por ese cabo bien os podréis segurar.
100 Y
envía por las trompetas cuantas en la
tierra están,
manda hacer un pregón por su reino general:
102 que
cualquier dama hermosa se haya de
aparejar,
y otro día de mañana sea al palacio real.
104 Viendo
el rey que más no pudo el pregón
mandara dar:
que obedezcan a Guiomar, que hagan a su voluntad.
106 Viérades
la barahunda que había en la ciudad,
de atavíos de las damas cuál saldría más galana.
108 Pues
decir de Guiomar sería largo de
contar,
que toda la noche en peso jamás se quiso acostar,
110 mas
puesta en invenciones y en vestidos se
ensayar.
Y no era venido el día cuando ella en punto está;
112 mandó
abrir las sus salas y su palacio real.
Viérades entrar las damas que es placer de lo mirar,
114 cada
una de su atavío quién más linda puede
andar.
Y cuando estuvieron juntas en su palacio real,
116 fablárales
Guíomar a todas en general:
--Bien sabéis, hermanas mías, nuestra gran nesesidad
118 y
sabéis todas las cosas que ha escrito
el emperante.
Y para remediar tal daño es de gran necesidad
120 que
vais todas conmigo a la su tienda real
a suplicar a su Alteza, merced nos quiera otorgar,
122 que
nos delibre las tierras, y que nos
torne la paz.--
Las damas que esto oyeron le dieron respuesta tal:
124 que
eran todas muy contentas por servir su
Majestad:
Levantóse en pie Guiomar, agradecióles su voluntad
126 y
escogió cien damas de ellas que más le
fueron agradar,
aunque no fuesen fijas dalgo, ni de muy alto linaje.
128 Y
las que no eran tan vestidas de sus
ropas les hacía dar;
mandó traer cabalgaduras para ellas cabalgar,
130 ricamente
guarnecidas que era cosa de mirar.
Con ellas cien caballeros por más honestas andar.
132 Mandó
allegar las trompetas y atabales otro
que tal;
hizo venir los instrumentos que se pudieron hallar.
134 Desque
todo fue a punto mandó a todos
cabalgar.
Vérades cabalgar damas, caballeros otro que tal;
136 ver
cuál iba Guiomar nadie lo sabría
contar:
encima de una hacanea blanca que en Francia no la había tal,
138 un
brial vestido blanco de chapado
singular,
mongil de blanco brocado, enforrado en blanco cendal,
140 bordado
de pedrería que no se puede apreciar,
una cadena a su cuello que valía una ciudad.
142 Cabellos
de su cabeza sueltos los quiere
llevar,
que parecen oro fino en medio de un crista,
144 una
guirlanda en su cabeza, que su padre
le fue a dár,
de muy rica pedrería que en el mundo no hay su par.
146 Ya
se parte Guiomar, ya empieza de
caminar,
con ella sale el rey Jafar fasta la puerta de la ciudad.
148 Desque
fueron a la puerta Guiomar le fue a
hablar,
tomándolo de las manos que se las quiere besar,
150 rogándolo
mucho de grado no recibiese pesar
El rey Jafar que la oyera no pudo estar de llorar,
152 diciéndole:
--Fija mía no me queráis olvidar,
cuando seréis entre cristianos, de mí os queráis acordar;
154 mirad
cómo quedo solo con una angustia
mortal.--
Dándole su bendición licencia le fuera a dar.
156 Ya
se parte Guiomar para do está el
emperante.
Siesta era de mediodía, tiempo de calor muy grande
158 cuando
el emperador Carlos se levanta de
yantar
y con él todos los doce que a su mesa comen pan.
160 Cada
uno se va a su tienda a dormir y a
folgar
cuando llegó Guiomar al real del emperante.
162 Desque
fue cerca las tiendas las trompetas
mandó llamar,
que desparasen todos juntos cuantos instrumentos hay.
164 Ya
desparan las trompetas, atabales otro
que tal,
hacían tan grande estruendo que la tierra hacen temblar.
166 Viérades
los franceses voces que empiezan a
dar,
diciendo: --¡Al arma, al arma, todo hombre a cabalgar!,
168 que
este era el rey Jafar, o alguna
traición grande.--
Mas presto llega la guarda que tenía el emperante,
170 y
vieron ser Guiomar, que venía tan
triunfante.
Presto se tornan las guardas por la gente asegurar,
172 y
dieron presto las nuevas a Carlos el
emperante
cómo era Guiomar que venía le hablar,
174 y
le demanda licencia si la dejara
entrar.
El emperador muy contento de grado se la fue a dar.
176 Ya
entraba Guiomar por medio de aquel real.
Treinta pasos de la tienda donde estaba el emperante
178 descabalgó
Guiomar. Sus damas mandó apear
por hacer acatamiento a la corona real;
180 pasó
por medio la guarda que tenía el
emperante,
que eran más de dos mil hombres los que le suelen guardar.
182 Y
cuando llegó a la puerta de aquella
tienda real,
viera estar a don Carlos, aquel alto emperante.
184 Conociólo
Guiomar según dél tenía señal:
con aquellas barbas blancas que tenía por la su faz,
186 que
jamás pelo en su vida de la barba
fuera a cortar.
Guiomar como discreta ante él se fue a arrodillar,
188 tomándolo
por las manos por habérselas de besar.
El emperador que la mira le fue tanto a contentar,
190 que
la tomó por los brazos, y la hizo
levantar,
besándola en el carrillo, las manos no le quiso dar;
192 antes
la tomó del brazo, y en la tienda la
hizo entrar,
hízole dar una silla, cabo él la mandó asentar.
194 Fablándole
muchas palabras que era placer de
escuchar,
dícele que le pesaba, por ser de tan gran edad,
196 para
ser su caballero, y de ella se
enamorar.
Hablando de estos placeres en que los dos están
198 vierades
los caballeros atavíos ensayar,
cuál iría más polido, cuál iría más galán,
200 y
el que más presto se viste se ya a la
tienda real
a ver la gran fermosura, por ver aquella beldad
202 de
Guiomar la linda que en lindez no hay
su par.
Allí vino Oliveros, allí vino don Roldán,
204 y
vienen los doce pares de Francia la
natural.
A todos hace dar sillas aquella real Majestad.
206 Ellos
en aquesto estando vieron por la
puerta entrar
ese infante Montesinos, sobrino del emperante,
208 con
una ropa de brocado que al suelo
quiere llegar,
una cadena a su cuello que mil marcos de oro vale.
210 Guiomar
desque lo viera al emperador fue
suplicar,
le quisiese dar licencia para habelle de halar.
212 El
emperador de buen grado luego se la
fuera a dar.
Salió a la puerta de la tienda y fuéraselo a abrazar.
214 Montesinos
que la viera cuasi se fuera a turbar;
la color toda mudada, le empezara de hablar:
216 --Bien
sea venida vuestra Alteza, bueno sea
vuestro llegar--
Y tomábale las manos que se las quería besar;
218 mas
Guiomar no quiso, nunca se las quiso
dar.
Montesinos de turbado no se le fue a acordar,
220 que
había andado diez pasos sin la cabeza
se cobijar.
Guiomar que lo viera el bonete le hizo tornar.
222 El
emperador que los viera luego los hace
sentar,
desque todos fueron posados empezaron de hablar
224 de
aquella gran fermosura que Dios había
querido dar
a la infanta Guiomar y a las damas que con ella van.
226 Allí
fabló el emperador a todos en general:
--Yo tal fermosura de dama nunca vi en la cristiandad;
228 mas
por ser ella tan hermosa una merced le quiero dar:
que yo he dado treinta días a su padre el rey Jafar
230 demandándole
las tierras, y tornándole la paz.
Por amor de Guiomar le quiero dar mucho más:
232 yo
le doy más cuatro meses, y estos le
quiero dar.--
Guiomar que esto oyera en pie se fue a levantar,
234 las
rodillas por el suelo le comenzó de
hablar,
haciéndole muchas gracias de la merced que le fue a dar.
236 --Mas
suplico a vuestra Alteza, no se quiera
enojar,
de recebir una merced la cual yo le quiero dar:
238 que
tome todos los reinos que hoy son del
rey mi padre,
y esto sin hacer guerra, sino de muy buena voluntad.
240 El
emperador que esto oyera fuérase a
maravillar,
diciendo estas palabras con un placer atan grande:
242 que
jamás fallara a nadie que le llevase
ventaja
de siempre mercedes y dar de contino a grandes,
244 sino
era Guiomar que con él se quiso
igualar;
mas que él no consiente, ni lo quería otorgar;
246 que
antes le torna las tierras y le volvía
las paces,
y le suelta los tributos, que no los quería más
248 y
le hacía seguro de nunca lo enojar:
--Mas yo vos pido una gracia nunca me la queráis negar:
250 que
se tornase cristiana y con Montesinos
casar.
Guiomar que esto oyera mucho se fuera a turbar;
252 estuvo
pensando un rato sin respuesta le
tornar;
mas Dios todopoderoso en su corazón fue a entrar,
254 y
dijo que lo placía de cristiana se
tornar
por hacer servicio a su Alteza, con Montesinos casar:
256 --Y
esto muy secretamente que no lo sepa
mi padre,
pues que era ya tan viejo y puesto en la postrera edad;
258 que
desque será muerto yo lo haré
publicar.--
Mandó venir un arzobispo y un perlado cardenal,
260 que
la hiciesen cristiana, y la quieran
desposar.
Esto hecho entre ellos licencia fue a demandar
262 a
aquel gran emperador, que luego se la
fue a dar.
Y así se fue Guiomar con muy gran solemnidad.
264 Gran
fiesta le hizo su padre cuando la vido
tornar.

