domingo, 14 de enero de 2007

LA LECHE

Dice Zulema, la puta dominicana de la película "PRINCESAS", que a los hombres les encanta la palabra "leche". Añade, con envidiable sabiduría de lupanar ,que la frase "llenámelo de leche", conecta directamente con las endorfinas del orgasmotrón machuno y produce, mágicamente, lo que anuncia y enuncia.
Sólo por esto, el vocablo "leche",como fuente incontestable de placeres, ya merece todos mis respetos, pero es que hay más.En otros muchos estados inefables , la leche juega también un rol primordial . Roquentin, el protagonista de "LA NAÚSEA", que se supone que es el clásico tipo contemporáneo maníaco-depresivo y autista, en uno de los pocos momentos en que experimenta un estupor casi agradable, dice: "Me sentí lleno de linfa y leche tibia".
Cualquier recién nacido actual, tras sus castas mamadas, siente lo mismo, sin imaginar el futuro de Roquentín que tiene por delante, ni prever, el pobrecillo, con qué nostalgias añorará estos paraísos bioquímicos en su edad adulta.
Y... ¿Cómo olvidar la experiencia de Coronado con los lactobacilos? Afirma este atractivo defecador, que a él le va de maravilla e invita a todo el país a experimentar las coprodelicias del inodoro ,gracias a los fermentos lácticos.
En la infancia, el sexo o la evacuación , la leche es básica.
Pero...¡Cuidado! la leche también puede volverse nociva; entonces se habla de "mala leche".El nutricio fluido se vuelve tóxico y porduce todo tipo de altercados sencillos o globales, desde los provocados por el humilde maltratador doméstico, que sin pretensiones , pero con tenacidad amarga la vida de su familia, hasta los megacabrones, que revientan torres gemelas, invaden países o causan daños colaterales en terminales abarrotadas.
Yo creo, en mi humilde opinión, que estos casos patológicos son producto más de la carencia láctea , que de una degeneración del producto en sí.
Más que de "mala leche", yo hablaría de estados carenciales.El déficit de leche no trae más que problemas: niños víctimas de negligencia emocional, adultos frustrados en la entrepierna y estreñidos crónicos, donde la sobredosis de excremento sin salida, termina rebosando por las meninges seudopolíticas.
Pues eso, que yo, como Zulema, pero en más todavía, digo "LLéname la vida de leche, por favor".

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