martes, 28 de agosto de 2007

SOLOS CON EL ANTROPOIDE

Decía Umbral que al antropoide que llevamos entre las piernas y que nos despierta cada día pidiendo guerra, se le controla a golpe de café y periódico. Nos alertaba Don Francisco de los peligros de reducirlo por completo: "¡Si se nos muere el antropoide, estamos perdidos!", porque sin el pedazo de simio loco que tenemos en los bajos, no somos más que chatarra espacial, material sin interés genésico para la madre naturaleza.
Lo que no decía, nuestro querido escritor, es que con el café y el periódico aparecía el alma, ese chisporroteo de neuronas que ilumina el neocórtex y al que dábamos la columna de Umbral por alimento.
Apoyados en sus mundo sutiles, escapábamos por un rato del bestialismo del National Geographic a las refinadas circunvoluciones de la sesera, lujo de nuestra especie.
Hoy, Paco se marcha, seguramente porque no estaba ya para mucho Serengueti y nosotros nos quedamos aquí, ahítos de hormonas, pero absolutamente deficitarios de espíritu, con un estado carencial que lleva su nombre, aunque nos atiborremos de plátano.

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